La importancia de los residuos no férricos en el reciclaje

Cuando se reciclan los residuos metálicos hay que valorarlos, clasificarlos y separarlos por tipologías. Hay veces que la recuperación de los metales tiene lugar en las fragmentadoras, instalaciones donde entran los residuos metálicos (envases, recortes de fabricación, chatarra de vehículos fuera de uso descontaminados …) y se separa entre el material férrico y no férrico.

Los residuos no férricos (aluminio, cobre, magnesio, plomo, estaño, zinc y níquel) tienen un gran valor económico porque su recuperación implica un ahorro en la cantidad de materias primas que se utilizan, proceso con un precio elevado y difícil de extraer. Es por eso que el metal más reciclado es el aluminio, además de porque cuando se recupera mantiene gran cantidad de sus propiedades y se puede reciclar indefinidamente.

Con cada tonelada de aluminio reciclada se ahorran 8 toneladas de bauxita, 4 toneladas de productos químicos y 14 kilovatios / hora de electricidad. Esto significa que por cada lata que se recicla se ahorra la energía de una hora de televisión en funcionamiento. La mayor parte del aluminio que se recicla proviene de envases, y se utiliza en fundiciones como materia prima. Por otro lado, el consumo más importante del aluminio se da en el sector del transporte.

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